viernes, 12 de octubre de 2012

Dispositivo didáctico para Estela Quintar



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Estela, hace constantemente referencia a la idea de dispositivo didáctico.
¿Qué es para Ud. un dispositivo didáctico?


Muchas veces me preguntan si el uso del término “dispositivo” tiene que ver con las reflexiones foucaultianas al respecto. Indudablemente Foucault le da a este significante una gran riqueza de significados que nutren su comprensión en el ámbito de las ciencias sociales. Sin
embargo, sin dejar de observar estos aportes, el uso que hago de este concepto está más vinculado a su función como sustantivo. Un dispositivo es un artificio que tiene como función articular, conectar, poner en movimiento sistemas orgánicos, materiales o simbólicos.
En este sentido el dispositivo es mucho más complejo que un instrumento –sin dejar de serlo–, pues su complejidad radica en su función de “bisagra” entre mundos simbólicos y/o sistemas materiales u orgánicos. Esta condición de bisagra para poner en conexión y movimiento, es lo que le da pertinencia a este concepto en didáctica no-parametral, justamente como artificio activador de procesos subjetivos, intersubjetivos y situacionales.
¿Por qué comencé a usar este concepto? Fui aprendiendo, a lo largo de la vida y del proceso de formación que ella conlleva, que esto de que el leguaje construye realidades es algo más que una frase.
El fenómeno de “anudación” del lenguaje que nombra a la realidad que significamos con ese nombrar, puede observarse de manera exquisita en el sistema educativo. Es increíble cómo las modas en educación invaden con sus lenguajes discursivos la actividad institucional de los diferentes niveles de enseñanza, y esto casi de manera instantánea. Fue así que comencé a observar el uso que hacemos de algunas palabras en el sistema educativo, más aún en ámbitos de formación de sujetos, y por qué las usamos, qué queremos decir con ellas o qué quieren hacernos decir-hacer ellas, instituidas desde el orden dominante, en nuestro diario convivir.
De repente el uso de palabras como “instrumento”, “estrategias” y “técnicas”, entre otras, comenzaron a tener una recurrencia discursiva singular, dando cuenta –en mi opinión– de un entramado de significaciones que nos constituyen y que va más allá de las intenciones de los sujetos que las usamos. Es desde esta inquietud, que me parece pertinente usar este concepto como activador de procesos, más que palabras que conllevan connotaciones de instrumentalización o de orientación militar, tales como: estrategia, táctica, objetivos, etc. Es por ello que me propuse buscar un significante que, más allá de lo polisémico del lenguaje, pudiera ser más congruente con la intención y la apuesta formativa de la didáctica no-parametral. Este esfuerzo hermenéutico en el uso del lenguaje debe ser constante; no podemos negar que hoy, en este ambiente belicista que vivimos, también la palabra “dispositivo” ha entrado en esa atmósfera; otro caso interesante de observar, es el actual uso de la palabra “competencia” que se administra desde la lógica del mercado en los espacios formativos. Actualmente estoy tratando de buscar otro término, como el concepto de “germinal”. No obstante, por ahora, el concepto de dispositivo que explicito, es el que más se aproxima para dar cuenta de la complejidad dinámica del proceso de potenciación de sujetos en todas sus dimensiones 

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